La presente reflexión, constituye el análisis final de la unidad 1, en donde realizo un acto retrospectivo sobre mis inicios en el ámbito de la docencia en contraposición de mi profesión de origen; finalizando con una autocrítica de mi labor actual utilizando la lectura de “La aventura de ser maestro” de José Manuel Esteve.
INTRODUCCIÓN.
Desde que estaba en la secundaria, tenía muy claro lo que iba a estudiar en la universidad; soy Licenciado en Administración, titulado por la U.N.A.M., mi principal ideal ha sido dirigir a una empresa, siendo un líder en las áreas funcionales en donde me puedo desarrollar. Por mi formación y personalidad, siempre me condujeron en lo laboral al área de Recursos Humanos, situación que me molestaba mucho en un principio, pues mi especialidad es en Finanzas; sin embargo, con el paso del tiempo me fue gustando tratar con el recurso más importante de una empresa, el Factor Humano, pues implicaba no sólo contratar, pagar y despedir personal, sino ir más allá de lo meramente laboral, esto con el fin de comprender mejor sus motivaciones, ideales, objetivos y demás situación que solamente el ser humano puede tener.
Estuve trabajando por trece años en la industria, siempre a niveles gerenciales, por lo que en varias ocasiones me correspondía también la selección de personal y el establecimiento del programa de capacitación; estas dos áreas de Recursos Humanos, son un factor esencial en el logro de los objetivos de cualquier organización, pues el primero consiste en contratar a la persona idónea para el puesto ideal. De no lograrse esto, se corre el riesgo de que el puesto de trabajo fracase y no se logren los objetivos organizacionales; en el segundo, se requiere que el personal desarrolle sus competencias profesionales, pues de ello dependerá la productividad, eficiencia y calidad del producto o servicio que se ofrezca al cliente.
Dado lo anterior, me había percatado que en muchas ocasiones, los candidatos carecían de determinadas habilidades o destrezas, por lo que me empecé a cuestionar sobre el vínculo que debe existir entre las instituciones educativas con la industria, me puse a indagar sobre algunos planes de estudio de algunas materias y me percaté que existe una brecha entre la educación y las necesidades de la industria.
Esta situación me preocupaba en demasía, sin embargo, todavía no consideraba la idea de ser docente, pues siempre me propuse primero tener experiencia laboral, con lo que pudiera tener las suficientes tablas para emprender la labor de profesor, no niego que en un principio hubo una gran resistencia a desempeñar tal función, dado que desafortunadamente, quienes no se dedican a ello, tienen una imagen de que el que se dedica a profesor es una persona que tiene muchos privilegios, descansa demasiado, su grado de responsabilidad es mínimo y más aún siendo sindicalizado, cobran por no hacer gran cosa o que “el ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero” (Esteve, 2003, p. 6); son muchos los mitos que encierra esta profesión.
Pues bien, éste es el pretexto para desarrollar mi reflexión y sobre todo contrastar o vincular mi profesión de origen con una serie de preguntas, tales como: ¿podré ser un buen profesor?, o más allá aún, ¿estaré en la posibilidad de poder trascender en el ámbito educativo de mi país?, entre otras cuestiones que a lo largo de la reseña iré mencionando.
Me vi en la necesidad de incursionar en el ámbito educativo, me causa remordimiento tener que utilizar dicha expresión, pues esta frase se repite en la gran mayoría de mis compañeros que se dedican a la docencia; pareciera que nos causara pesadez o incluso, vergüenza, pero ya abordaré más adelante este aspecto, por lo pronto retomo mis inicios en la labor docente. Mis intereses por estudiar una maestría eran demasiados pero trabajando para la industria, nunca iba a poder concluir alguna y mucho menos si era por un sistema educativo tradicional (presencial), ya que hay hora de entrada pero no de salida. La maestría en Seguridad e Higiene Ocupacional, tiene esa modalidad y por estar trabajando para la iniciativa privada, tuve muchos problemas para dar un correcto seguimiento a mis estudios, a tal grado de haber perdido un semestre. Tal situación me orilló a dejar la industria y buscar unas horas frente a grupo, con ello, podía organizar mejor mí tiempo y así poder dedicarle lo necesario a la maestría.
Y así fue, ahora ya he terminado la maestría en Seguridad e Higiene Ocupacional, tengo dos años de estar trabajando como docente y me ha gustado a tal grado que ahora estoy estudiando otra maestría, la cual es en Administración de Instituciones Educativas, adicional y a la par de la presente especialidad en Competencias Docentes.
Soy docente del área de matemáticas, imparto las cátedras de Pensamiento Numérico y Algebraico a alumnos del primer semestre y Probabilidad y Estadística Dinámica a alumnos del sexto semestre. Por la naturaleza de la materia siempre existe una resistencia por parte de los estudiantes, pues siguen considerando que las matemáticas son sumamente complicadas y tediosas, pues los maestros anteriores solamente ponen en el pizarrón ejercicios y más ejercicios; además de que los maestros parecen siempre tener mal carácter; los alumnos temen preguntar, dado que el docente siempre se molesta cuando no se entiende la clase o los ejercicios.
Comento esto, en virtud de que siempre al inicio de cada semestre sostengo una pequeña charla amistosa con los alumnos[1], en ella, realizo la pregunta, ¿qué opinan de las matemáticas?, ¿a quienes les gustan las matemáticas?, ¿cuáles son los principales errores que le encuentran al docente para explicar su clase?, entre otras; y por lo regular siempre me encuentro con esa resistencia a la materia y a cualquiera de las ramas de las matemáticas.
Dado lo anterior, me he preocupado por hacer notar a los estudiantes el uso de las matemáticas en la vida cotidiana, con ello pretendo “ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea” (Esteve, 2003, p. 2), sin embargo, no se dejan de realizar muchos ejercicios, pues les comento que las matemáticas son como una novia(o) celosa(o), pues requieren de dedicarle siempre algo de tiempo para que no se sientan en el olvido y luego existan problemas.
Éste acercamiento, ha provocado que los alumnos se sientan en mayor confianza y se expresen libremente, de igual manera, en los ejercicios o problemas que se dictan en clase, utilizó redacciones chuscas y con nombres de los mismos alumnos o incluso, con mi propio nombre o apellido, dado que mi apellido es Oaxaca, eso también permite que de repente sea utilizable de esa manera, lo cual ha sido sumamente benéfico, pues al lograr hacer reír a los chicos, se provoca un ambiente de trabajo un poco más relajado, pero con el interés de parte de ellos para resolver el problema. Aquí, hago un comentario sobre lo que menciona Esteve (2003), vinculándolo con mi práctica, “me tengo que divertir” y al disfrutarlo yo hago que mis alumnos también lo disfruten.
Al momento de buscar participaciones, siempre me auxilio de ellos mismos, pues les pido que me indiquen un número para que pasen al pizarrón, lo cual auxilio entonando una pequeña “Diana”, pues les hago ver que no es mala suerte, al contrario, han ganado la posibilidad de aprender y compartir con sus compañeros ese aprendizaje, en los ejercicios no los dejo solos, los voy ayudando en cierta medida o si veo a un alumno inquieto, le digo que le ayude a su compañero. Al término de cada ejercicio les hago ver errores, así como enfatizo en sus aciertos. “Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento” (Esteve, 2003, p. 2).
También procuro la investigación en ellos, pues todo lo correspondiente a la teoría, se los dejo de tarea para que consulten libros, no acepto del todo investigaciones por internet, dado que en la actualidad, se abusa en su uso, lo cual conduce al hecho de no poner mayor atención a lo que están consultando e imprimen tal cual, sin considerar si la información sirve o no; cuando es así, los cuestiono sobre lo que ellos llevan impreso y les hago ver que no se trata de imprimir todo lo que les aparece en internet.
La clase concluye con un autoanálisis sobre lo aprendido en clase y establecer la importancia y cotidianidad de las matemáticas en su vida diaria.
Por todo lo anterior y basándome en la lectura hecha de “La aventura de ser maestro”, así como de las aportaciones que realizaron mis compañeros, a continuación me doy a la tarea de realizar mis conclusiones.
CIERRE
De los mitos que hablé anteriormente, me doy cuenta de que son infundados, en virtud de que la docencia no es sencilla, es compleja, pues la motivación se debe trabajar constantemente en los alumnos, buscar nuevas alternativas de enseñanza, hace que la creatividad y lo lúdico jueguen un papel primordial en el día a día del docente. Ahora comprendo que lo único importante es ser maestro de humanidad, tal como lo menciona Esteve.
El hacer pensar y sentir[2] a los alumnos, cobra para mí un sentido sumamente amplio, en virtud de que mi práctica docente se ha visto ahora justificada, dado que mi búsqueda por tratar de ser un maestro humano, tal vez, calificado por mis alumnos como un buen maestro, me hace sentir que voy por el camino correcto, todavía falta, sin embargo, con la capacitación y la práctica diaria, llegaré a contestarme la pregunta, ¿podré trascender en el ámbito educativo?, creo que si lo lograré.
Manifiesto que el vínculo que existe entre mi profesión de origen (Administración) con el de la docencia, es muy estrecho, pues estamos preparando a los futuros profesionistas o personal calificado que requiere el país, las empresas y la sociedad, por lo que hoy, mi compromiso es hacer que las generaciones actuales encuentren el rumbo de lo que quieran ejercer, siempre con la consigna de la responsabilidad y la ética profesional, fortaleciendo los valores que como entes sociales nos corresponden aplicar.
Por último, concluyo mi confrontación realizando una reflexión sobre las actividades de la unidad 1, las cuales me han hecho tener un crecimiento en mi persona y en mi profesión como docente; haber realizado este acto de autoconocimiento y autocrítica a mi labor ha sido dura, sobre todo porque nos damos cuenta de que el camino aún es largo y con serios inconvenientes. La confrontación también con las experiencias de mis compañeros también resultan de gran utilidad, con unos compartimos experiencias semejantes y con otros nuevas experiencias, de las cuales doy las gracias, son invaluables.
[1] Al hacer esto, evoco lo mencionado por Esteve, J.M. en su ponencia “La aventura de ser maestro”, pues en ella, hace mención sobre la necesidad de crear empatía con nuestros alumnos.
[2] Esteve, J.M. (2003). Ponencia “La aventura de ser maestro”, presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos. Universidad de Navarra, España.